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Capítulo 1
Caminando por
una calle en Haifa, Israel, vi un letrero rotulado y elevado en un asta.
Representaba las dos tablas de la Ley, y en ellas estaban escritos en
hebreo los Diez Mandamientos. Era bonito. Arriba, sobre las tablas,
decía: "La Ley: Camino de Vida". Esto ya no era tan bonito, porque no es
verdad. Sin embargo, es un concepto generalmente aceptado, aunque no
todo lo que tiene notorio arraigo es verdad. Muchas personas creen esto,
no solamente en Israel sino también en muchos otros lugares, como la
ciudad donde vive un servidor, lejos de Israel:
—"Si usted
muriera hoy, ¿estaría segura de ir al cielo?" le pregunté.
— "Oh, nadie
lo sabe, pero espero y creo que sí, vamos", ella me contestó.
— "¿Por qué lo
cree?"— continué.
Ella sonrió y
dijo: "¡Bueno! Creo que soy una buena persona, sé que no soy perfecta,
de hecho nadie lo es, ¿verdad? Pero tampoco he robado, ni matado a nadie,
ni cometido adulterio. Siempre intento comportarme lo mejor posible.
Como dice el refrán: "Haz bien y no mires a quién». ¡Pues, esto, o sea,
procuro cumplir los Diez Mandamientos!"
Esta escena y
otras semejantes se repiten una vez tras otra, con algunas variaciones;
miles de personas religiosas creen, más o menos sinceramente, que
mediante el cumplimiento de los Diez Mandamientos se llega al cielo. ¿Está
usted entre ellas? ¿Cree que la verdadera religión es procurar ser bueno,
e intentar guardar los Diez Mandamientos? ¿Piensa que los que cumplen
los mandamientos bíblicos irán al cielo, y los que no, tendrán el
infierno como destino? ¿Es esto cierto? Siga leyendo, por favor, y
veremos si es así o no.
Estas personas
de buena voluntad no lo saben, pero están dividiendo el mundo en dos
categorías: los que guardan la Ley de Dios, y los que no la guardan.
Digo dos categorías, pero en realidad, es peor, porque están poniendo a
todo el mundo, a toda la humanidad en una categoría: la de los
transgresores de la Ley de Dios. Sí, porque según dice Dios, en esta
categoría se encuentra todo ser humano. A lo mejor usted no cree lo que
acabo de decir, pero veremos si es así o no. Aquí no valen opiniones
humanas, ni la suya ni la mía, sino lo que Dios dice en Su Palabra, la
Sagrada Biblia.
¿Creería usted
que nadie cumple los Diez Mandamientos en su totalidad? ¿Lo creería si
lo dijera Dios? Pues es cierto; la misma Biblia que nos da los
mandamientos también nos dice lo siguiente: "De aquí que por las
obras de la Ley nadie será reconocido justo ante Él" (versión
Nácar-Colunga, Romanos 3:20). [búsquelo en su propia Biblia de esta
manera: se cita primero el libro: "Romanos" = Epístola del Apóstol San
Pablo a los Romanos. El índice al principio de su Biblia dirá en qué
página comienza este libro. Después del libro, viene el número del
capítulo: 3, luego dos puntos y el número del versículo: 20.] ¿Se ha
fijado en la palabra: "nadie"? Esto es lo que Dios dice. Es un
absoluto, sin excepciones. Nadie se justificará por la Ley de Dios.
Ahora sabe lo que Dios dice, y es cuestión de si cree a Dios o no, pero
si no le cree, entonces esto es otro pecado.
¿Por qué nadie
puede ir al cielo por los Diez Mandamientos? Nos han dicho toda la vida
que hay que guardarlos, total, ¿para qué? Buena pregunta. Démosle la
respuesta a la misma, explicando lo que usted debería hacer si quisiera
llegar al cielo guardando los Diez Mandamientos. Preste atención, ya que
esto lo requiere, especialmente si usted tiene basadas sus esperanzas de
alcanzar el perdón de Dios, la vida eterna y el cielo, cumpliendo los
Diez Mandamientos. Sepa que no está en buen camino, porque intenta hacer,
justo lo que Dios afirma que nadie hará.
En primer
lugar, usted debe saber cuáles son los mandamientos, ¿verdad?, porque si
no, ¿cómo podrá cumplirlos? Si está fundando su destino eterno tanto
para una felicidad sin límites, como para un sufrimiento de perdición
eterna, seguro que debe saberse los Diez Mandamientos de arriba abajo, ¿verdad?
Entonces, vamos a hacer un pequeño test. Sólo para que se lo demuestre a
sí mismo y se asegure de ello, escríbalos en el espacio en blanco a
continuación, sin referencia o ayuda alguna, ¿vale?
Los Diez
Mandamientos son:
1.
2.
3.
4.
5.
6.
7.
8.
9.
10.
¿Cómo le ha
salido? ¿Bien? ¿Ha conseguido escribir los diez sin que falte ninguno?
Esto es muy importante, porque el mero hecho de transgredir o quebrantar
un solo mandamiento, una sola vez, ya le identifica a usted como
transgresor de la Ley de Dios, y le tacha de pecador. ¿Necesita
repasarlos para escribir correctamente los diez? Bueno, si es así,
hágalo, y mejor si es ahora mismo. No debería tomarle más de un minuto,
porque si usted es una persona religiosa, seguro que sabe al dedillo
dónde se encuentran los Diez Mandamientos en la Biblia. Simplemente para
demostrar que lo sabe, anote aquí la cita: el libro, capítulo y los
versículos: ___________________
¿Ha escrito la
cita dónde se encuentran en la Biblia? Si no es así, si no sabe con
certeza ni cuáles son, ni dónde están los Diez Mandamientos, eso es un
problema. ¿Cómo irá al cielo guardando los Diez Mandamientos, los cuales
no sabe a ciencia cierta ni qué dicen, ni dónde encontrarlos en la
Bíblia? Bueno, vamos a darle una pista, porque no queremos criticarle
sino ayudarle como un amigo a otro. Mire por favor en su Biblia, en el
libro de Éxodo (el segundo libro de la Biblia, después de Génesis), el
capítulo 20, los versículos 1 al 17. Lo puede mirar ahora si quiere,
casi mejor, y así refresca su memoria. Sin embargo, si usted no sabía
cuales son, incluso desconocía la referencia bíblica aludida, bien se
podría decir que es bastante incongruente seguir diciendo que está
fundado en ellos como camino al cielo, cuando ni siquiera está
familiarizado con ellos. En tal caso, lo siento, pero usted no ha
comenzado muy bien, ¿verdad? Permítame darle el beneficio de la duda;
probablemente es una persona sincera y conoce los Diez Mandamientos.
Pero aunque sea así, el desafío no es tanto saberlos, sino cumplirlos
perfectamente desde la cuna hasta el ataúd, porque esto es lo mínimo
para agradar a Dios. ¿Cree que me equivoco? No acepte mi palabra, sino
la de Dios. En Gálatas 3:10, el apóstol San Pablo nos enseña: "Pero
cuantos confían en las obras de la Ley se hallan bajo la maldición,
porque escrito está: ‘Maldito todo el que no se mantiene en cuanto está
escrito en el libro de la Ley, cumpliéndolo’»(Nácar-Colunga). Repito,
para hacer esto, tendría que ser perfecto, tendría que ser Dios.
Entonces, lo
difícil no es saber la Ley, sino cumplirla, y no es que sea difícil, es
que para nosotros, es imposible. ¿Cree que conoce los Diez Mandamientos?
Si hace referencia a la Biblia para saberlos, bien, pero si usted se fía
de misales o libros de catecismo, es posible que se lleve un desengaño,
porque muchos catecismos, incluso el CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA de
1992, que es el catecismo universal de la Iglesia Católica Romana, no
dicen claramente la verdad acerca de los Mandamientos. Por ejemplo, mire
esta comparación de la Biblia Católica, versión Nácar-Colunga, con el
CATECISMO universal y oficial de la Iglesia.
Como puede
verse, el Catecismo ha hecho desaparecer el segundo mandamiento, acerca
de las imágenes. Absorber así a uno de los Diez Mandamientos haría que
quedaran en nueve, y se notaría que falta algo. Pero para salir del
problema han dividido el último mandamiento en dos, para tener diez en
lugar de nueve. Esto no es otra cosa que engaño, ¿y cuántas personas
habrán creído sencillamente todo lo que la Iglesia Católica dice en su
catecismo, sin examinar la Palabra de Dios, y así han sido inducidas a
pecar en cuanto al segundo mandamiento? ¿Qué sería la Iglesia Católica
sin imágenes? ¡Pero esas personas ni siquiera saben que Dios nos prohíbe
tajantemente la fabricación y el uso de imágenes religiosas! Entonces,
todas ellas han roto el segundo mandamiento, y se han constituido
transgresores de la Ley. ¡No podrán decir a Dios que han guardado los
mandamientos, ni que han hecho bien, porque le han ofendido, haciendo
justamente lo que Él prohíbe y dice que le es abominación. Así que, lo
dicho, que el primer aspecto, lo fácil, que es conocer la Ley de Dios,
es dónde usted debería empezar y asegurarse que sabe por la Sagrada
Biblia cuáles son los Diez Mandamientos. ¡Que no le den gato por liebre!
En la página
473 del Catecismo, intenta explicar la razón por la que emplean imágenes
aunque la Biblia claramente las prohíbe. La sección 2130 dice:
"Sin embargo, ya en el
Antiguo Testamento Dios ordenó o permitió la institución de imágenes
que conducirían simbólicamente a la salvación por el Verbo encarnado:
la serpiente de bronce (cf Nm. 21, 4-9; Sb. 16, 5-14; Jn 3, 13-15), el
arca de la Alianza y los querubines (cf Ex. 25, 10-12; 1 R. 6, 23-28;
7, 23-26)".
Este es todo
el apoyo bíblico que encuentran. Su siguiente sección, la 2131, pasa ya
al Concilio de Nicea, que es extra-bíblico y no forma parte de las
Escrituras, sino de las tradiciones de la misma Iglesia Católica Romana.
No pudiendo citar más, a menos que citara el culto idolátrico que
aparece mucho en la Biblia y siempre condenado, los catequistas se
detienen ahí. Es un argumento sumamente débil y fallido. Como mucho, lo
único que prueba es que en circunstancias poquísimas y muy determinadas,
Dios lo permitió, pero nunca en el sentido de consentir las ideas de los
hombres. No, al contrario, las únicas veces que fue válido hacer una
imagen fueron cuando Dios ordenó fabricarlas. No consintió que el hombre
hiciera nada como invento ni idea suya. Sólo por ordenes divinas. En
primer lugar, fueron los querubines y el arca de la Alianza, y en otra
ocasión más tarde, una serpiente de bronce. A la serpiente nadie debía
rezarle, ni encenderle velas, ni inclinarse, ni rendirle culto alguno.
No había imágenes de ella en cada casa, ni la pasaron de casa en casa
como algunas vecinas mías hacen con una imagen de la Virgen, echándole
monedas y quemándole velas como ofrendas. No había estampas de "santa
serpiente de bronce" para llevar, ni llaveros de la serpiente, ni
pendientes de ella, ni nada de eso. Era ejemplar único. Dios nunca mandó
hacer una antes, ni tampoco después. Ni siquiera debían haberla llevado
consigo más allá en el desierto, y cuando años más tarde el rey Ezequías
la encontró, la destrozó, la hizo pedazos, llamándola: "nehustán", es
decir, "cosa de bronce", nada más. Si la Iglesia Católica quiere
obedecer los mandamientos de Dios, que haga con sus imágenes lo que
Ezequías hizo con aquella serpiente... ¡Imagínese!
Pero quedan
los querubines que adornaban el tabernáculo, más tarde el templo, y el
arca de la Alianza. Es verdad que fueron hechos por orden divina. Dios
no lo permitió, repito, sino que mandó fabricarlos. Si el hombre hubiese
hecho esto sin órdenes, su atrevimiento habría sido idolatría. ¿Para qué
servían? Nadie les rezaba. No había copias de ellos en las tiendas de
los israelitas, ni estampas, ni pendientes de querubines. Nadie les
ponía velas. Los que leemos y estudiamos la Biblia sabemos que los hijos
de Israel ni siquiera vieron a aquellos querubines, porque quedaban
dentro del tabernáculo, en el Lugar Santo, y sólo los sacerdotes que
entraban allí podían verlos. Los dos querubines del arca de la Alianza
solamente fueron vistos una vez al año por el Sumo Sacerdote cuando
entraba en el Lugar Santísimo, el día de Yom Kippur, día de expiación. ¿Qué
culto se les rindió a ellos? Ninguno. Exceptuando estos pocos hombres,
nadie más llegó a verlos.
Así que, el
punto es este: que de nada sirve que los catequistas romanos citen estos
pasajes como si se diesen a sí mismos base bíblica para fabricar y usar
imágenes. Al contrario, estos textos demuestran que si no tenemos
Palabra de Dios, capítulo y versículo de la Sagrada Biblia, donde Él
interviene y da una orden explícita, no se puede hacer imágenes. Siendo
que el resto de la Biblia carece de órdenes divinas o instrucciones
acerca de imágenes, está claro que el que las hace y usa está
quebrantando la Ley de Dios. ¿Dónde dice la Sagrada Biblia hacer
imágenes de ángeles, santos y vírgenes? Seamos honestos, y admitamos que
si no hay mandamiento bíblico, con capítulo y versículo, donde Dios
ordene hacerlas, entonces, es idolatría. Vuelvo a insistir, que la
Iglesia Católica misma es idólatra, pero es orgullosa y no lo quiere
reconocer, ni se arrepentirá. No sea usted como ella, estimado lector, y
como muchos que prefieren quedarse en ella, equivocados, porque es más
cómodo esto que cambiar.
Pasemos ahora
al segundo aspecto de la Ley, que es más difícil: cumplirla. Una cosa es
saber los Diez Mandamientos (y venimos demostrando que muchos no los
conocen bien y quebrantan uno de ellos por la tradición de su Iglesia).
Otra cosa es, después de saberlos, guardarlos, cumplir la Ley. Un día
unos amigos me llevaron a ver la iglesia de San Pablo en Valladolid.
Allí nos encontramos con un señor de edad avanzada, bien vestido,
apoyándose sobre su bastón, y hablándonos con cierto orgullo acerca de
la iglesia. Tomando ocasión de su interés obvio en cosas espirituales,
le pregunté si me podía decir cómo llegar al cielo. "Guarda los Diez
Mandamientos", me aconsejó sin parpadear. Le pregunté: "¿Pero usted sabe
los Diez Mandamientos?" Se enderezó y mirándome fijamente, comenzó a
recitarlos de memoria en voz bien alta que retumbaba en la iglesia.
Cuando terminó, le felicité pero le advertí que le faltaba uno de ellos,
según la Sagrada Biblia. Se sorprendió y no se lo pudo creer, hasta que
sacamos un ejemplar de la Biblia para mostrarle cómo le habían engañado
en cuanto al segundo mandamiento. ¡Cuál no fue su sorpresa! Salimos a la
plaza delante de la iglesia, y allí le preguntamos si él había guardado
los mandamientos siempre, toda su vida, sin fallar nunca. Entonces, una
sonrisa apareció en su rostro, y se disculpaba afirmando que nadie es
perfecto. Por supuesto. Pero eso es exactamente lo que la Ley de Dios
demanda a todo aquel que pretende guardarla para obtener vida eterna:
perfección. Solamente hay una opción más, y es reconocerse un pecador
culpable, no hay medias tintas. En cuanto a la Ley, o usted la ha
guardado perfecta, siempre, o es pecador culpable, una de las dos.
¿Cree usted
que ha cumplido perfectamente y guardado toda la Ley de Dios desde su
juventud, sin haber cometido un sólo "pecadillo"? Sea honesto, porque no
se trata de si usted procura cumplir la Ley, ni si tiene
intención de hacerlo, ni si más o menos la cumple, ni si la cumple
relativamente más que otras personas. No señor, porque la Ley de Dios es
una entidad, una unidad, la cual o se guarda enteramente, o se rompe,
una de dos. Verá. Si tenemos una cadena hecha de diez eslabones, ¿cuántos
eslabones hay que romper para romper la cadena? ¿Nueve, la mitad, o sólo
uno? Claro, si se rompe tan solamente un eslabón, aquella cadena queda
rota.
Efectivamente,
y así es con la Ley de Dios, los Diez Mandamientos. Si uno no los guarda
siempre y enteramente, sin fallar siquiera una vez, entonces ha roto la
Ley. Nadie puede "medio romper" ni "medio guardar" la Ley. Vamos a
repasar los Diez Mandamientos en los siguientes párrafos, para ver cómo
le va a usted eso de guardarlos.
Carlos Tomás
Knott (continuará) |