|
Capítulo 3
En el artículo
anterior consideramos los primeros cinco mandamientos, y parte de lo que
significaría cumplirlos. Ahora miraremos los otros cinco, recordando que
la Ley de Dios es como una cadena de diez eslabones, es una entidad que
se guarda o se rompe totalmente, y si se rompe, es para la perdición del
que es culpable.
6. No matarás.
Muchos
afirmarían sin duda alguna que en esto sí que son totalmente inocentes,
¿verdad? Veamos a ver si realmente es así, porque existe más de una
forma de matar. El Señor Jesucristo dijo que si uno se aíra contra su
hermano sin causa, o si se es violento y temperamental, se da origen en
potencia al homicidio, o al asesinato. Observe lo que S. Mateo 5:21-22,
Nácar-Colunga, dice al respecto:
"Habéis oído que se dijo a
los antiguos: No matarás; el que matare será reo de juicio. Pero yo os
digo que todo el que se irrita contra su hermano será reo de juicio;
el que le dijera "raca" será reo ante el sanedrín y el que le dijere
"loco" será reo de la gehenna del fuego".
Entonces,
según la enseñanza de Cristo, que es definitiva y autoritativa, este
mandamiento, "no matarás", incluye palabras fuera de tono e
insultos, sin que haga falta mencionarse el asesinato físico.
Como bien ha
sido dicho, el odio y la ira del hombre son las semillas del homicidio.
¿Se ha enfadado usted con alguien y le ha dicho que se vaya perdido, o
aun sin decirlo ha deseado que desapareciera esa persona? ¿Ha dicho
acerca de alguien: "¡si le pillo, le mato!" o algo parecido? ¿Ha dicho
alguna vez: "¡que te parta un rayo!"? Esta ira y este desprecio son
violaciones del sexto mandamiento. ¿Dice: "¡Todos lo hacen!", para
disculparse? La respuesta es sencillamente: si todos lo hacen, todos
pecan y rompen la Ley de Dios.
Pero algunos
no pueden limitarse a esto, porque sí, han matado, han tomado la vida de
otra persona. Como el primer homicida, Caín, que mató a su hermano,
derramando su sangre, la triste historia se ha repetido muchas veces.
Una discusión, una subida de ira, intercambio de insultos y amenazas, y
la situación llega al momento crítico cuando salta la ira en sobremanera,
y en un instante el crimen toma lugar. Veloz como un rayo, se desborda
la ira del hombre, el golpe es dado, el gatillo es asestado, el cuchillo
es clavado, y ya no hay vuelta atrás. Dios habló a "Caín, que era del
maligno y mató a su hermano" (1 Juan 3:12), y le dijo: "la sangre
de tu hermano clama a mí desde la tierra" (Génesis 4:10). Pero el
Nuevo Testamento añade: "Todo aquel que aborrece a su hermano es
homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en
él" (1 Juan 3:15). El odio es la semilla del homicidio. ¿Ha deseado
alguna vez la muerte de alguien, quizás en secreto, en privado, en su
corazón sin decirlo a nadie? Dios lo sabe, y sabe que ha roto la Ley en
el sexto mandamiento. ¡Culpable!
Otros han sido
homicidas de forma indirecta. Es decir, han ocasionado la muerte de
alguien sin ensuciarse las manos. Dan la orden, para que lo hagan otros,
pero también son culpables quienes dan la orden. Los que venden droga,
aunque no hayan tocado a nadie, han provocado la muerte de muchas
personas. Por ejemplo, un hombre religioso estaba detenido en la cárcel
en nuestra ciudad, acusado de traficar en heroína. Profesó haberlo hecho
solamente para ganar dinero, y que nunca había usado droga él mismo, ni
hecho daño a nadie. Pero fue instrumento para arruinar y quitar la vida
de otras personas. Fue homicida pasivo.
Hoy en día,
más que nunca, atestiguamos de otro homicidio, el holocausto silencioso
del aborto provocado, por madres privadas de afecto natural que insisten
que tienen el derecho de matar. Si lo que sufrieron los judíos en el
holocausto de la segunda guerra mundial fue terrible, ¡cuánto más un
niño matado en el vientre de su madre, o arrancado vivo de allí, ahogado
y tirado en la basura! El lugar donde tendría que estar más seguro y
tranquilo, la matriz, se convierte en cámara de muerte despiadada. A
menudo es fruto de una generación que quiere el placer del sexo sin las
consecuencias y la responsabilidad. Algunos anticonceptivos en muchos
casos provocan abortos en la primera fase de la concepción, cuando ya ha
sido concebida una vida, y matar es quitar la vida.
A veces
personas religiosas matan, o bien en las llamadas: "guerras santas",
como por ejemplo, las cruzadas de la Iglesia Católica Romana para matar
a los musulmanes y controlar la "tierra santa". Otro ejemplo sería la
guerra santa que los musulmanes proclaman contra países occidentales. La
llamada "Santa Inquisición" no fue nada más que homicidio masivo,
mandado y aprobado por el "Santo Padre" y el "Santo Oficio", los cuales
no tenían nada de santo, ni mucho menos gozaban de infalibilidad. El día
de San Bartolomé se hizo famoso en Francia por la matanza de los "protestantes",
no por individuos, ni milicias privadas, sino organizado y promovido por
la misma Iglesia Católica Romana. Miles fueron torturados y "ajusticiados"
o "relajados" —eufemismos por "matados"— por los fieles siervos y
devotos de la Iglesia Católica Romana, durante aquellos terribles años.
Los "autos de fe" y la hoguera quedaron grabados en la historia de
España a través del arte de personas como Goya y otros que vivieron
mucho antes. Es verdad que algunos "protestantes" también mataron a
católicos, a anabaptistas, y otros, pero esto no limpia la Iglesia
Romana de la sangre que mancha sus manos y sus vestiduras. No matarás
queda grabado en la Ley, y el homicidio no puede ser consagrado porque
un «Papa» lo mandó. Habría que plantearse, pero muy seriamente, cómo
puede uno participar en una Iglesia que trafica en "almas de hombres"
(Apocalipsis 18:13) y "en ella se halló la sangre de los profetas y
de los santos, y de todos los que han sido muertos en la tierra" (Apocalipsis
18:24). San Juan apóstol dijo: "Vi a la mujer ebria de la sangre de
los santos, y de la sangre de los mártires de Jesús" (Apocalipsis
17:6). Disculparla como si fuese un mero patinazo de ignorancia en la
historia, decir que no es nada más que una pequeña arruga en la historia
y que exageramos la estadística, es mostrar una falta de tristeza y
arrepentimiento. Aunque fuera exagerada la cifra, ¿es más buena la
Iglesia porque solamente mató a miles en lugar de decenas de miles? ¿Sería
un hombre menos homicida si matara a mil personas en lugar de diez mil?
Está claro que es una forma inválida de razonar y escabullirse. Quien
comulga en una "iglesia" así, comulga con un homicida y participa en su
culpa.
¿Ha sido
testigo de situaciones en las cuales encontrándose alguien en
dificultades, usted ha preferido no complicarse la vida? Hacerse el
ciego, el sordo o el despistado, y así dejar morir a otro, es homicidio
pasivo. Luego hay el homicidio más egoísta que nunca: el suicidio. Dios
es quien fija los límites de la vida, pero el hombre, insistiendo que no
quiere aguantar más, no quiere sufrir más, etc., decide tomar su vida
como la última escapatoria, pensando encontrar alivio. Pero después de
cerrar los ojos y suspirar por última vez, irá al encuentro del Dios que
ha dicho: "no matarás".
En la Epístola
de San Pablo a los Romanos, leemos lo siguiente acerca de los hechos
pecaminosos de los seres humanos: "quienes habiendo entendido el
juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte,
no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las
practican" (Romanos 1:32). Esto hace referencia a un punto que
muchos ignoran, quizás entre ellos, usted: el pecado vicario. ¿Qué es
esto? Vicario se dice de algo que tiene las veces, poderes o facultades
de otro, o le sustituye. Alguien que actúa en lugar de otro es vicario.
El pecado vicario, entonces, es el pecado disfrutado a través de un
sustituto. Otro peca, y usted le observa para distraerse. ¿Ha mirado
algún homicidio en el televisor o el cine, y así se ha divertido sin
mancharse las manos con sangre?
Estimado
lector, recuerde, los que han hecho cualquiera de estas cosas, u
otras parecidas, son culpables de romper el sexto mandamiento. ¡Culpables!
7. No
adulterarás.
El mundo habla
de la revolución sexual, pero esto es un mito. ¿Cree usted que la
moralidad es una cosa relativa? Un día se va a llevar una sorpresa
grande y amarga, porque Dios afirma que es algo absoluto. No es cuestión
de lo que su profesor de ética le haya dicho, porque su profesor no le
va a acompañar como abogado o consejero ante el tribunal de Dios. Hay
personas que afirman que no son adúlteras, pero quizás lo afirman
demasiado rápido. Una vez una viejecita comentaba con indignación: "¿Cómo
piensa usted que una mujer vieja y beata como yo puede ser culpable de
pecados como adulterio y cosas así? ¡Por favor! ¿Qué puedo hacer yo? Lo
decía como si fuera una ocurrencia absurda que alguien pensara que ella
sería capaz de romper este mandamiento. Pero la respuesta fue ésta: "¿Nunca
tuvo usted 18 ó 20 años?" Su semblante cambió y ella se calló. Dios
todavía se acuerda de las obras de la juventud, pues todo está escrito
en Sus libros de obras. Pero si se dijera toda la verdad, hay personas
mayores, casadas, viudas y viejas que son culpables de hechos inmorales.
Se recrean leyendo novelas, viendo películas e imaginándose en esas
situaciones, soñándolo en privado, sin que nadie vea la pantalla de su
mente. Pero Dios la ve, y sabe que es adulterio en el corazón.
¿Usted ha
cometido alguna vez actos promiscuos? ¿Se ha vestido provocativamente, o
ha tonteado con otros para provocarlos? ¿Ha toqueteado a alguien que no
sea su cónyuge, aunque sólo haya sido una vez para flirtear, o quizás
con los ojos, o dejando correr su imaginación un poquito, disfrutándolo?
¿Ha usado los ojos, parpadeando o mirando descaradamente, para atraer la
atención o provocar, o para encenderse en pasión? El Señor Jesucristo
dice que el desear así a una persona es adulterio: "Habéis oído que
fue dicho: No adulterarás. Pero yo os digo que todo el que mira a una
mujer deseándola, ya adulteró con ella en su corazón" (S. Mateo
5:27-28, Nácar-Colunga). Lo mismo se puede decir acerca de chicas o
mujeres que miran a chicos u hombres y los desean. La sociedad no ve
nada malo en ello, pero la sociedad no es Dios, y Dios lo condena. ¿Ha
sido infiel con su cónyuge, aunque haya sido una sola vez y nadie haya
llegado a saberlo? Dios lo sabe. Aunque solamente fuera en los deseos y
pensamientos, esto demuestra que en su corazón usted es pecaminoso y
rompe la Ley de Dios en sus pensamientos.
¿Se ha casado,
quizás, con una persona divorciada, incurriendo así en adulterio según
S. Mateo 5:32? ¿O se ha divorciado en contra de Mateo 5:32, ocasionando
el adulterio? La Iglesia Católica Romana tiene su manera de
circunnavegar este mandamiento, y permitir a la gente romperlo. Se llama
"anulación". Es un truco filosófico a través del cual alegan que, aunque
la Iglesia les casó en el sacramento del santo matrimonio, y les bendijo,
realmente el matrimonio nunca llego a existir en el corazón de las dos
personas, así que la Iglesia anula el matrimonio. Esta forma de hablar
le permite decir que no es un divorcio, y por eso no adulteran, porque
nunca estuvieron casados. Entonces, si no estaban casados, son
fornicarios, y los que los unieron en nombre de Dios y de la Iglesia,
como un sacramento, son hallados mentirosos y engañadores. Córtenlo como
quieran, la Ley de Dios queda rota.
¿Se permite el
"lujo" de la fantasía erótica? ¿Ha usado la línea erótica? ¿Usa
palabrotas que hacen referencia a hechos de inmoralidad? Ha usado los
ojos que Dios le dio para mirar fotos o dibujos de personas cometiendo
actos inmorales? ¿Ha ojeado alguna vez revistas, calendarios, o
cualquier otra cosa con mujeres u hombres desnudos, que es pornografía?
¿Ha leído novelas o artículos sensuales y provocativos? ¿Ha visto
películas o vídeos pornográficos? ¿Ha contado o escuchado chistes verdes;
ha encontrado alguna gracia y se ha reído de ellos? Proverbios 14:9
dice: "Los necios se burlan del pecado" (Nácar-Colunga). Aunque
usted no haya cometido ningún hecho de adulterio, ¿lo habrá mirado en la
tele, o el cine, usándolo para divertirse? Recuerde el texto de Romanos
1:32 acerca del pecado vicario, el pecado disfrutado a través de otros.
Quien haya cometido cualquiera de estas cosas es culpable de adulterio,
y de romper la Ley de Dios en el séptimo mandamiento. ¡Culpable!
8. No robarás.
Es otro
eslabón de los Diez Mandamientos que a menudo se rompe. Antes de afirmar
"yo no robo", recuerde que esto también es en el sentido absoluto. No
piense solamente en atracos, porque el mandamiento divino va mucho más
allá. No se puede robar nada, ni siquiera una vez, por poca cosa que
sea. Aunque haya sido tomar sólo un bolígrafo de la oficina, un trozo de
tiza del colegio, unos clavos del taller de trabajo, un poco de pintura
o pegamento, o cualquier cosa. Hay personas que afirman que no han
robado, simplemente porque ellas no lo definen como Dios. Se montan su
propia definición para después declararse inocentes, pero esto no tendrá
valor en la presencia de Dios. Hay personas que roban tiempo de otros,
defraudando así. ¿Llegó tarde al trabajo en alguna ocasión, o abusó del
tiempo de descanso en el trabajo? ¿Puso más horas de las que trabajó en
su hoja de trabajo? ¿Ha usado el teléfono de alguien sin permiso? ¿Ha
intentado viajar en autobús o tren sin billete? ¿Ha sido usted siempre
honesto en su declaración de renta, pagando todo lo que debía? Si tiene
un negocio, ¿ha empleado dos juegos de libros, doble contabilidad? ¿Ha
trabajado sin contrato correcto y legal, o sin pagar seguridad social?
¿Ha pagado los impuesto en las compras, o en lugar de esto ha arreglado
una compra sin factura, para no tener que pagarlos? ¿Ha estado cobrando
el paro o una pensión del gobierno, y luego se ha ido a trabajar
clandestinamente? ¿Ha puesto suficiente dinero en sellos/timbres al
enviar sus cartas por correos? ¿Intentó en alguna ocasión pasar la
aduana con algo escondido en el coche o la maleta, sin declarar honesta
y abiertamente todos los objetos comprados? ¿Ha hecho copias de cintas
de música, o de programas o juegos de ordenador, o ha aceptado
semejantes copias para su uso personal? Todo esto es robar. Si ha hecho
cualquier cosa de estas, ¡Culpable!
9. No mentirás.
Más
precisamente: "No hablarás contra tu prójimo falso testimonio".
Es un pecado particularmente reprochable, por cuanto fue a través de la
mentira que el diablo engañó a Eva en Edén, induciéndole a pecar,
diciéndole: "no, no moriréis" (Génesis 3:4 Nácar-Colunga). Dios
es verdad, y veraz, y la mentira le es una afrenta. El Señor Jesucristo
clasificó a Satanás: "mentiroso y padre de la mentira" (S. Juan
8:44 Nácar-Colunga). De modo que no existe ninguna mentira piadosa. No
se trata solamente de un testimonio dado en un juicio ante un juez, sino
de todo uso de la boca para falsificar. Aun el hecho de chismear puede
ser falso testimonio, y cuando arruina el buen nombre o la reputación de
otro, también es robar. ¿Dice siempre la verdad, toda la verdad y nada
más que la verdad? ¿Se ha puesto alguna vez a criticar a los demás,
poniendo trajes a todos, y diciendo cosas que no puede asegurar que son
ciertas? ¿Ha escuchado algún rumor acerca de alguien, y lo ha repetido
después a otros? ¿Ha exagerado los detalles de algo que contaba a otra
persona? ¿Ha chismeado o escuchado a otros hacerlo? ¿Ha pedido un día de
fiesta en el trabajo para hacer un puente, diciendo que era para asuntos
personales o cuestiones familiares? ¿Ha llegado a llamar por teléfono a
su trabajo diciendo que estaba enfermo cuando realmente no era así? ¿Ha
fingido estar enfermo para evitar un examen en la escuela? ¿Ha mentido
al decir su edad o peso?
¿Ha rezado el
PadreNuestro sin nacer de nuevo? Entonces Dios no es su padre, y ha
mentido. ¿Ha copiado en un examen o ha usado chuletas? ¿Ha intentado
impresionar a los demás con la forma de vestir, tiñendo su pelo de un
color que no es su color natural, o llevando ropa que exagera su figura
y da impresiones falsas? ¿Ha ocultado la verdad en cuanto a sus finanzas
cuando declara la renta? ¿Ha tratado de engañar al gobierno, viviendo
con una persona pero declarándose soltero o viudo, para que los dos
puedan cobrar la pensión o los beneficios del gobierno? ¿No ha dicho
nunca una mentirijilla, una de esas que las llaman "piadosas"? (¡aunque
son diabólicas en origen!) ¿No ha dicho nunca una verdad a medias, que a
más de ser media verdad es media mentira? ¿No ha tratado de engañar o
decepcionar a nadie? ¿No ha dicho: "se me olvidó" para librarse de
culpa, cuando en realidad no se le olvidó? ¿No ha dicho a un cliente:
"el camión no ha llegado" cuando en realidad ni siquiera ha hecho el
pedido que tenía que hacer? ¿No ha dicho: "no tengo dinero" cuando lo
tenía pero no quería gastarlo? ¿Nunca se ha hecho el sordo o despistado,
cuando realmente ha oído o visto a la persona?
Los políticos
a menudo han hecho promesas que no tienen ninguna intención de cumplir,
y afirmaciones que claramente sabían que no eran así, y todo para ganar
la elección y hacerse con el título, la fama, el poder y el salario. ¡Qué
poca vergüenza tienen! Dios no miente, y no da permiso para mentir,
antes al contrario, Su mandamiento es: "no mentirás". Si ha hecho algo
de todo esto, otra vez ha roto la Ley de Dios, los Diez Mandamientos, en
el noveno mandamiento. ¡Otro eslabón roto y otra vez desaparece la
esperanza de llegar al cielo por medio de los mandamientos! ¡Culpable!
10. No
codiciarás.
Este
mandamiento es cometido muchas veces en lo secreto de la mente. Alguien
ha dicho que de todos los pecados, es el menos confesado, y sin embargo,
el que todos cometen. Aun el apóstol Pablo admitió que había cometido
este pecado (ver Romanos 7:7-8). Es el pecado de los pensamientos, se
puede practicar de forma oculta, y en cualquier lugar. Es el pecado de
la actitud de no estar contento, sino de querer más, y desear lo que
tienen otros. Es debatible si es cometido más en países ricos o pobres,
porque los ricos quizás ven más cosas que codiciar, pero los pobres
codician a toda hora la vida y las posesiones de los ricos. Los pobres
critican a los ricos, pero luego codician su forma de vivir y sus
posesiones, así que además de codiciosos, hipócritas. La codicia no es
el materialismo de hecho, sino de deseo, en espíritu. El presidente de
una multinacional, y el hombre que no tiene más que una manta sucia, que
duerme en la calle, ambos pueden codiciar. La mujer que lava la ropa a
mano en un arroyo, y la que vive en un chalet de lujo en la capital,
ambas pueden ser codiciosas.
La codicia es
el pecado de amar al mundo y las cosas que están en el mundo, y quienes
aman al mundo así, no tienen el amor del Padre en ellos, por religiosos
que sean (1 Juan 2:15-17). ¡Fíjese hasta dónde se puede llegar! Alguien
puede estar sentado en una capilla o templo, supuestamente adorando o
pensando en las cosas de Dios, ¡y ahí mismo estar codiciando algo que
tiene la persona a su lado! ¿Nunca ha mirado un catálogo de un centro
comercial o gran almacén, y deseado algo que no necesita? Los
comerciantes son expertos en suscitar en nosotros la codicia, porque
yace en nosotros, y ellos saben provocarlo. ¿Nunca ha envidiado el
dinero, la casa, la popularidad o la posición de otra persona? Dicen que
la envidia es el pasatiempo nacional, y casi nadie lo discute, al
contrario, ¡casi parece ser un deporte! ¿No ha codiciado nunca la mujer
de otro, o el marido de otra? ¿No ha deseado para sí las habilidades y
talentos de otras personas? ¿O la ropa de otros? ¿O los
electrodomésticos de otros? ¿O el trabajo de otros? ¿O el sueldo de
otros? ¿O el reconocimiento de otros? ¿O el oficio de otros? ¿O la
suerte de otros? ¿O el cuerpo o pelo de otros? Todas estas cosas y otras
semejantes son brotes del pecado de codicia, y rompen los Diez
Mandamientos.
Alguno dirá:
"¿qué más da?", protestando que a su parecer, codiciar no hace daño a
nadie, así que, ¿para qué criticar y denunciarlo tanto? A ellos les
parece un mandamiento muy severo, demasiado, y se niegan a confesar la
codicia como pecado. Pero esto demuestra la depravación del corazón
humano, cuando uno no ve que la codicia es síntoma de un corazón ingrato
y descontento. ¡Qué joya más rara es la del contentamiento! Y San Pablo
declara: "Pero gran ganancia es la piedad acompañada de
contentamiento" (1 Timoteo 6:1). Hay quienes profesan piedad en
órdenes religiosas, pero sin contentamiento, porque pasan sus vidas
deseando las cosas que tienen los que están fuera del convento. O las
llevan adentro para tenerlas también en clausura, pero esto no es piedad
con contentamiento, sino codicia bajo hábito. La piedad profesada
externamente, sin contentamiento interior, es falsa y sin provecho, y
puede ser incluso hipocresía. Este mandamiento a no codiciar cosas que
no son suyas, descubre y denuncia nuestra insatisfacción y falta de
conformidad. ¿Ha codiciado algo, alguna vez? ¿Ha pasado por su cabeza,
en algún momento, una codicia? Entonces, ha roto los Diez Mandamientos,
y no puede usarlos para ir al cielo, porque le condenan, diciendo:
¡Culpable!
Así que,
después de repasar los Diez Mandamientos, ¿qué tal le ha ido? ¿Ve que ha
cumplido todos los mandamientos perfectamente, durante todo el tiempo
que ha durado su vida hasta ahora? Si ha transgredido uno, tan sólo uno,
lamento informarle que usted no puede decir que guarda los mandamientos,
ni usarlos como esperanza para ir al cielo. No es opinión mía, se lo
aseguro, porque la Biblia dice: "Cualquiera que guardare toda la ley,
pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos" (Santiago
2:10). Siendo que Dios lo dice así, ¿sabe cuál es Su veredicto acerca de
usted? No el mío, porque yo no puedo condenar ni absolver a nadie; soy
solamente un mensajero. ¿Habrá adivinado cuál es el veredicto divino
acerca de usted? ¡Culpable!
Pero, ¿sabía
Ud. que hay alguien que NUNCA ha roto la Ley, sino que la ha guardado
perfectamente de hecho y en verdad? Sí, y Él es quien ofrece responder
por nosotros y asegurar que vayamos al cielo. En el próximo número
consideramos a esta bellísima Persona, el Inmaculado, y la ayuda que nos
brinda como Nuestro Señor de Perpetuo Socorro.
Carlos Tomás
Knott
(continuará)
|