|
|
|
ROMAN
CATHOLICISM |
|
¿¿¿Por
Qué Predicar El Evangelio A Los Católico Romanos?
by Carlos Tomas
Knott |
|
Es el último de una serie de 6 artículos sobre esta
cuestión.
6. El Destino
Deseado
Predicamos el
evangelio a los católico-romanos, y a todo otro ser humano, porque es la
buena nueva del perdón de los pecados y la vida eterna. La salvación
está en el Señor Jesucristo, no en un sistema ni en el cumplimiento de
sacramentos. El Señor Jesús es el mediador del nuevo pacto, y nos invita
al trono de la gracia para alcanzar misericordia y hallar gracia para el
oportuno socorro (Hebreos 4:16). La relación del creyente es
directamente con el Hijo de Dios y el trono de la gracia, sin que se
interpongan sacerdotes ni sacramentos como mediadores o dispensadores de
la gracia de Dios. La iglesia no dispensa la gracia, sino que proclama
que la gracia de Dios es hallada en la persona de Jesucristo. Y este
verdadero evangelio del Señor Jesucristo, por la gracia de Dios promete
a cada creyente el destino deseado. No solamente gozamos del perdón de
nuestros pecados y la ayuda de Dios en esta vida, sino que también
tenemos delante como esperanza la felicidad eterna en el cielo y la
comunión eterna de Dios y los santos.
El escritor de
la epístola a los hebreos nos recuerda más de una vez cuál es nuestra
esperanza como creyentes salvados por la gracia de Dios. En el 1:14
somos llamados: "herederos de la salvación", hermosa frase que
indica que la salvación incluye mucho más que el perdón de nuestros
pecados en esta vida. Hay un porvenir bendito y eterno delante de cada
uno que confía en el Señor Jesús. El cielo es la morada eterna de los
que el Señor Jesucristo ha salvado, y los siglos venideros en este lugar
de santidad y felicidad mostrarán cuán grandes son los tesoros y las
bendiciones de esta salvación.
En el 2:10
leemos: "habiendo de llevar muchos hijos a la gloria", lo cual
nos recuerda que nuestro destino es "la gloria", y es Cristo
quien nos llevará ahí por Sus méritos. No existe en la Biblia ninguna
tesorería de méritos acumulados por los santos, puesto que la salvación
es: "no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho"
(Tito 3:5). Iremos a la gloria porque es la intención declarada del
Señor Jesús llevarnos allá. La Iglesia no tiene hijos, ni es agencia de
viajes para llevar a nadie a la gloria, puesto que los creyentes somos
hijos de Dios, propiedad del Señor Jesucristo: "fruto de la aflicción
de su alma" (Isaías 53:11). Repito, nuestro destino es: "la
gloria", y el Señor Jesús es el camino (S. Juan 14:6) y la puerta
(S. Juan 10:9).
En el 6:18
Dios nos recuerda "la esperanza puesta delante de nosotros". Se
trata del destino. ¿Cómo clasifica esta esperanza? "La cual tenemos
como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo,
donde Jesús entró por nosotros como precursor..." (Hebreos 6:19-20).
Para los que confiamos totalmente en el Señor Jesucristo y en Su obra
consumada en la cruz, no en sacramentos ni en la mediación de sacerdotes
y santos, hay una grata certidumbre acerca del futuro. ¡Tenemos en
Cristo el destino deseado! "Segura y firme ancla del alma", dice
la Palabra de Dios, sin dejar lugar alguno para dudar. No es presunción
que los que hemos creído digamos: "sé donde pasaré la eternidad", al
contrario, declaramos esto porque en Cristo tenemos una segura y firme
ancla del alma. Para poner en entredicho la certidumbre de nuestra
salvación primero habría que tocar el ancla de nuestra alma: ¡El Señor
Jesucristo! Los católico-romanos no pueden decir esto, porque no tienen
el destino deseado. No tienen el perdón definitivo de sus pecados,
porque no aceptan la suficiencia y finalidad de la obra que Cristo
consumó en la cruz. El catolicismo, un sistema inventado por los
hombres, carente de salvación, solamente puede decir a sus adeptos que
si siguen haciendo buenas obras y celebrando los sacramentos, quizá
mueran en estado de gracia y vayan al cielo, pero probablemente no antes
de ir primero al purgatorio.
Y así es, que
si preguntamos a los viejos feligreses, a los que han practicado el
catolicismo toda la vida, "¿qué les pasará después de la muerte?", dirán
que no saben. Su respuesta, si aceptan los dogmas de su iglesia, es que
no lo saben con seguridad. Su concepto del futuro está sujeto a la
incertidumbre de los sacramentos y las obras humanas, que nunca pueden
hacer perfectos a los que los practican. Como Hebreos 10:2 afirma:
"De otra manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto,
limpios una vez, no tendrían ya más conciencia de pecado". En cambio,
el sacrificio hecho y terminado: "una vez para siempre", es
eficaz para limpiar, santificar y perfeccionar al que confía en el Señor.
"¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno
se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias
de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?" (Hebreos 9:14). Es
porque el creyente tiene la conciencia limpia respecto al perdón de
todos los pecados, que tiene certidumbre de ir al final a estar con el
Señor. Nuestro destino deseado no es un sueño ni una esperanza en el
sentido de probabilidad, sino algo establecido y cierto, porque Cristo:
"con una sola ofrenda, hizo perfectos para siempre a los santificados"
(Hebreos 10:14). Amigo lector, la expresión: "perfectos para siempre"
significa exactamente lo que dice, no hay vuelta de hoja.
Una de las
grandes promesas del nuevo pacto es: "Y nunca más me acordaré de sus
pecados y transgresiones" (Hebreos 10:17). Puesto que Dios ha
resuelto judicialmente la cuestión del pecado para cada uno de los que
confían en el Señor Jesucristo, estos creyentes pueden estar seguros del
destino deseado. La conclusión a la que el Espíritu Santo lleva al
creyente en el libro de Hebreos es: "Acerquémonos con corazón sincero,
en plena certidumbre de fe". Por esto predicamos el evangelio a los
católico-romanos, porque ellos no tienen esta certidumbre de fe, puesto
que no existe en el Catolicismo Romano. Necesitan ser librados de la
esclavitud a obras muertas que no contribuyen nada a la salvación, y del
sistema que: "está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces
los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados" (Hebreos
10:11). Hebreos no solamente invita al creyente a acercarse, sino que le
recuerda que: "fiel es el que prometió" (Hebreos 10:23), y
"...aquel día se acerca" (Hebreos 10:25), el día cuando iremos a
estar con el Señor Jesucristo. ¡Bendita esperanza y bendita certidumbre!
En el 10:37
leemos: "aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará".
Los que creemos en el Señor Jesús esperamos Su venida inminente. En S.
Juan 14:1-3, Él dio promesa de venir a por los Suyos, y llevarlos a
estar con Él donde Él está, en el lugar que ha preparado para ellos.
Hebreos 10:23 afirma que: "fiel es el que prometió". Por esto
esperamos estar con Él, en el cielo, donde Él está. Tan cierta es esta
esperanza para el creyente, que el escritor en el capítulo 12 lo expresa
así:
"...os habéis acercado al
monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la
compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los
primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de
todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el
Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la
de Abel" (Hebreos 12:22-24).
Está claro que
este lugar no está en la tierra, no es Jerusalén en Israel, sino "la
celestial", ¡ni mucho menos podría ser el Vaticano! Nuestro destino
deseado es celestial. Es la ciudad del Dios vivo (Apocalipsis 21:10-11),
en compañía de muchos millares de ángeles. Allí está la congregación de
los que están inscritos en los cielos. Están registrados en el libro de
la vida del Cordero (Apocalipsis 21:27), porque han hallado vida en Él.
No en sacramentos, ni en ritos, ni en obras, sino en la obra que fue
consumada hace dos mil años, cuando Jesucristo sufrió solo en la cruz
como nuestro Sustituto, y habiendo efectuado la purificación de nuestros
pecados, encomendó Su espíritu en manos del Padre, y murió. Dios le
resucitó el tercer día, y subiendo en triunfo, el Cordero de Dios se
sentó a la diestra de la Majestad en las alturas. Los que confiamos en
Él hemos sido perdonados una vez para siempre, santificados y
perfeccionados. Nuestra fe en el Señor Jesucristo nos es contada por
justicia (Romanos 4:4-5). En lugar de volver a un sistema muerto y
caducado de ritos, sacrificios y sacerdotes, confiamos en la promesa de
Apocalipsis 22:4, "y verán su rostro, y su nombre estará en sus
frentes". ¡Veremos a nuestro Señor y estaremos con Él por toda la
eternidad! Él mismo es el deseo deseado.
Hebreos 12:28
dice: "así que recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos
gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y
reverencia". El escritor habla con certeza de lo que recibimos.
"Un reino inconmovible", porque es de Dios, y sabemos que lo
recibimos porque depende de la obra de Cristo, no de la nuestra. Al
hablar de nuestro destino deseado y asegurado, no es una muestra de
arrogancia o atrevimiento, sino simplemente fe en el Señor y en Su
Palabra. Los hombres construyen para sí reinos en este mundo, y hacen
protagonismo de sí mismos y sus intereses, pero todo esto es pasajero.
El reino del Señor Jesucristo es eterno. Dios dice acerca de los que
creemos: "el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y
trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su
sangre, el perdón de pecados" (Colosenses 1:13-14). Esto lo creemos
porque Dios lo dice, que hay hoy redención por Su sangre, que hay hoy
perdón de pecados, y es en base a estas gran realidades que hemos
entrado en el reino del amado Hijo de Dios. Éste es el reino
inconmovible.
Puesto que es
así, ¿qué nos puede ofrecer una imitación del judaísmo, que no es ni
siquiera el judaísmo que Dios estableció: "hasta el tiempo de
reformar las cosas" (Hebreos 9:10), sino que es algo peor? Es una
religión sucedánea, inventada por los hombres, un laberinto espiritual
que no ofrece salvación, sino perdición segura. Si hablamos con certeza
no es atrevimiento, sino fe en las promesas del Señor, porque: "fiel
es el que prometió". ¿Por qué no dejas tu religión y tradición, tus
obras muertas que no tienen mérito alguno para salvarte? Son los mismos
sacrificios ofrecidos una y otra vez, que nunca pueden quitar los
pecados. ¿Por qué no vienes arrepentido de tus pecados, entre ellos tu
religión, para confiar plena y únicamente en el Señor Jesucristo? Él te
perdonará, te limpiará y te hará pasar "de muerte a vida" (S.
Juan 5:24) en un instante, y tendrás con nosotros la certidumbre de
morar en la casa del Señor para siempre (Salmo 23:6).
"Hoy si oyereis su voz, no endurezcáis vuestro corazón".
Carlos Tomás
Knott
|
|
|
|
|
|
|
THE JOHN
ANKERBERG SHOW |
|
Make a donation to
The
John Ankerberg Show
If you have
been
ministered to today, please help us minister to others by making
a contribution to the ministry.
Please enter gift amount then press
"Make a Donation"

CLICK HERE
TO WATCH ONLINE
DR. JOHN ANKERBERG'S RESPONSE TO CREATION QUESTIONS

Dr. John Ankerberg answers your
questions on creation in the following article available both as
a downloadable PDF and broken down into individual questions for
online reading. Click the link below to read:
Does Scientific Evidence Today Show
that God Created the Heavens and the Earth? And What Does the Bible Say
About When He Created?

|
Copyright 2006, Ankerberg Theological Research Institute
|